El primer ministro de Hungría, Viktor OrbánAnna Szilagyi / AP

Para Budapest, el problema no radica en ponerse otro jersey por la noche, bajar un poco la calefacción o pagar algo más por el gas, sino en la mera imposibilidad de importar hidrocarburos de cualquier otro país.

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha declarado que a su país “no le vale la pena” cortar los suministros energéticos rusos, más baratos, “para tener, en lugar de ellos, los caros estadounidenses”, ya que sobre la mesa está el funcionamiento de su propia economía.

“No se trata de que nos pongamos un jersey más por la noche y bajemos un poco la calefacción”, explicó Orbán este viernes en una entrevista para Kossuth Radio, agregando que el dilema tampoco radica en la aparente necesidad de pagar más por los recursos energéticos de otros países exportadores.

El problema es que “si no hay energía de Rusia, no hay energía en Hungría”, afirmó Orbán, recordando que existen países cuyo desarrollo, en materia energética, ha llevado a que actualmente no tengan capacidad de recepción y transporte que les permitan importar el petróleo y el gas de otros países que no sean Rusia.

Renunciar a los suministros rusos destruiría a Hungría, resumió el primer ministro, al hacer constar que la drástica medida en rechazo al operativo militar ruso tampoco serviría de apoyo a Kiev: “[…] somos incapaces de ayudar a los ucranianos destruyéndonos a nosotros mismos“.

Orbán también sostuvo que la profunda crisis económica que afronta Europa radica en los problemas que van más allá de los actuales combates entre Rusia y Ucrania, que solo han agravado la situación. En su opinión, la región tiene un problema de competitividad en general. “Los precios de la energía no están subiendo por su propia cuenta”, dijo el primer ministro húngaro, quien responsabiliza a la burocracia de Bruselas, con su afán por la energía verde y las ganas de excluir los combustibles fósiles de su sistema energético.

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